"Te estás pasando mucho
tiempo tocándote las pelotas. ¿Por qué no te pones a trabajar?"
(¿Acoso sexual? Más bien: 1. Interpretación
ingenua o mojigatería "americana" o 2. Error en la traducción)
Según la normativa de Princeton, hay ocho supuestos de despido a
un profesor: dar clases privadas -y cobrar por ellas- a los alumnos; nepotismo;
relaciones sexuales consentidas con alumnos que estén bajo la supervisión
directa o indirecta del profesor; acoso sexual; usos comerciales fraudulentos
del nombre de la universidad; difusión de la información privada de los alumnos;
mala praxis en tareas de investigación -como plagio-; alteración del orden
público en el campus, y conflictos de interés en las investigaciones.
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Un profesor español de Princeton se
suicida, después de que le
despidieran, en
extrañas circunstancias
El profesor se suicidó cuatro días después
de ser despedido
Algunos estudiantes aseguran que había una
campaña de desprestigio contra él
Los alumnos y profesores reclaman
transparecia para saber qué ocurrió
La Universidad de Princeton guarda
silencio y se niega a comentar
Antonio Calvo, profesor de español de la
Universidad de Princeton (Nueva Jersey), se ha quitado la vida en extrañas
circunstancias. La muerte del profesor ha entristecido enormemente a la
comunidad universitaria, donde se le apodaba cariñosamente como 'San Antonio'.
Después de llevar 10 años dedicado a la enseñanza en esta prestigiosa
institución, el español fue informado, repentinamente y sin motivo aparente, de
que no se le renovaría su contrato. El ocho de abril pasado, un vigilante de
seguridad acompañó a Calvo a abandonar el edificio donde se encontraba su
despacho. Con su trabajo, Antonio perdió también la posibilidad de residir en
Estados Unidos ya que la universidad había 'esponsorizado' su visado.
Ese
mismo día sus alumnos esperaron en el aula durante 30 minutos y al ver que el
profesor no llegaba preguntaron qué ocurría. "Por motivos personales no podrá
impartir la clase", fue la respuesta que se les ofreció desde el Departamento.
Cuatro días más tarde, Calvo se suicidó en su apartamento.
Según han explicado varios alumnos a The New York Times, algunos estudiantes y
un profesor habían iniciado una campaña para desprestigiarle. El profesor tenía
fama de ser exigente y no ser todo lo políticamente correcto que exigen las
universidades norteamericanas. Algunos alumnos han explicado que el profesor
Calvo utilizaba un lenguaje un tanto vulgar cuando estaba decepcionado por las
actuaciones de sus estudiantes.
Poca transparencia
La
Universidad de Princeton se ha negado a hacer comentario alguno sobre el
fallecimiento de Antonio Calvo, de 45 años. "Para preservar la privacidad de
nuestros empleados, la Universidad no hará comentarios", ha dicho su portavoz.
Algunos alumnos han recriminado a la Universidad que no explicase los motivos
por los que el profesor había dejado de dar clase. Además, aseguran que no les
gustó que se les informara del fallecimiento de Antonio tres días después de su
muerte y mediante un texto en la web de la Universidad que se limitaba a decir
que "había muerto".
Philip Rothaus, quien se define como un buen amigo del profesor, ha explicado al
periódico de la Universidad, The Daily Princetonian, que se "ha prohibido a los
profesores y empleados del Departamento hablar de la situación en público".
Aparentemente, también se les prohibió hablar con Antonio el día que fue
despedido.
James Williams, un estudiante que había tomado un curso de español con el
profesor Calvo, abrió un grupo de Facebook llamado 'Justice for Antonio Calvo'.
El grupo desapareció misteriosamente a las pocas horas de su creación.
Los alumnos han utilizado la web de The Daily Princetonian para recordar al
profesor y pedir a Princeton transparencia y una explicación a una muerte que,
por ahora, sigue rodeada de incógnitas.
Profile
Academic background:
- BA Hispanic Linguistics (Universidad Complutense - Madrid, Spain)
- Ph.D. Hispanic Literature (CUNY Grad. School)
Areas of interest:
- Language and Linguistics (syntax), linguistics applied to language teaching
- Heritage language teaching
- Poetics and poetry translation
- Theories of translation and interpretation
- American literature and arts of the Harlem Renaissance
- Textual analysis
- History of language
Other areas of interest:
- Music (from Greg Ogsby to Lupe Fiasco)
- Photography (from Friedlander to Herb Ritts and everything in between)
- Hiking and excursions from Montauck to Rhode Island's coast, stopping at Block
Island
Es un tópico un poco embarazoso pero a veces ocurre: las
noticias, algunos días, parecen un calco de las novelas. La caída en desgracia y
suicidio de Antonio Calvo, profesor del departamento de Español de la
Universidad de Princeton, remite inevitablemente a, al menos, cuatro obras de
ficción: 'La mancha humana', de Philip Roth (Alfaguara); 'Desgracia', de John
Maynard Coetzee (Mondadori); 'Sobre la belleza', de Zadie Smith (Salamandra) y
la reciente 'Un momento de descanso', de Antonio Orejudo (Tusquets).
Orejudo, antiguo profesor en tres 'colleges' estadounidenses (y, en la
actualidad, docente en la Universidad de Almería), también ha caído en la
coincidencia. "Es que es algo que ocurre, está a la orden del día. Las
universidades americanas tienen un sistema, una maquinaria burocrática
completamente inhumana que maltrata a los profesores".
En 'Un momento de descanso', el protagonista de Orejudo, profesor en una
universidad de Columbus, en Misuri ("por lo que sé, es una muy buena
universidad"), se encuentra en una clase con una alumna que ronca. La chica es
de raza negra. El profesor dice algo así como "no sabía que mis clases fueran
tan aburridas", nada especialmente desabrido. Y la alumna, que alega haber
sufrido un extraño episodio de epilepsia, denuncia al profesor por humillarla.
Acabará por arruinar su vida.
'Tengo amigos que se volvieron locos por esa maquinaria. No aguantaron la
presión, se emborracharon, montaron un número y arruinaron su carrera'
"Tengo amigos que se volvieron locos por esa maquinaria de la que le hablo",
explica Orejudo. "El caso es que, a los seis años de trabajar en una
universidad, se decide la continuidad del profesor con una especie de gran causa
en la que intervienen todas las instancias de la universidad... Rectorado,
decanato, departamento... Todos opinan y basta con tener un enemigo medianamente
poderoso para que te hundan y te echen. A un amigo mío le ocurrió. Un hombre
absolutamente sesudo, erudito y equilibrado... Pero se vio en ese proceso y
sufrió tal tensión que se volvió loco, se emborrachó e hizo lo peor que pudo
hacer: se fue a un 'seniority', una especie de colegio mayor, se bajó los
pantalones y...".
"Esos grandes juicios son un sistema muy perverso: impiden que él profesor tenga
una relación de igual a igual con su compañero", explica Orejudo. "En vez de
tratar como a un colega al profesor titular, el profesor asociado tiene que ser
complaciente y servil. ¡Y que se cuide mucho de dar mejores clases o de escribir
mejores artículos que el titular!"
Y más aún en universidades tan elitistas como Princeton, en cuyo departamento de
español dan o han dado clase escritores como Mario Vargas Llosa, Ricardo Piglia,
Alan Pauls o Américo Castro. "Es, con Harvard, uno de los mejores departamentos
de Español de Estados Unidos... Lo que pasa es que las universidades de la Ivy
League son tan... tan pijas, que su política de contratación es completamente
arbitraria. No cuidan los criterios de transparencia en la elección de sus
profesores que siguen las demás universidades americanas. Son tan buenos que les
da igual todo".
Orejudo también recuerda las novelas de Philip Roth y de J.M. Coetzee. "En 'La
mancha humana hay una situación completamente reconocible para cualquiera que
haya dado clase en Estados Unidos: cualquier comentario que incluya la palabra
'negro' puede hundir al profesor que la pronuncie". En 'Desgracia', mientras,
"aparece otro caso más o menos típico: un profesor tiene una relación sexual con
una alumna; una relación consentida y de igual a igual. Cuando termina, la
alumna dice que la han violado". Algo parecido ocurre en 'Sobre la belleza, de
Zadie Smith.
En Nueva York, Calvo
disfrutó de más libertad personal. Aunque "Antonio era discreto con respecto a
su orientación sexual (1), era una persona muy honrada (2) y no la escondía",
recuerda Aponte-Moreno. "En el trabajo, con los estudiantes, el tema no se
tocaba (3)". Según recuerda su hermano, era alguien que consideraba "su vida
personal como suya". "En ningún momento la mezcló con su trabajo (4), y más
sabiendo donde trabajaba (5)". añade.
En el nuevo NO-DO del Totalitarismo hipócrita
español hay que hablar así...
(1) Te está diciendo que es homosexual o (según ambientes)
mari...
(2) Está mal visto salir del armario de una Cátedra en una
pija universidad americana
(3) Deja de tocarte las pelotas (huevos) y ponte a trabajar
(por caridad)
(4) El Loby gay se supone que existe aunque no se nombre
(5) En una carca universidad pija y financiada con dinero
proveniente de nuevos ricos
La muerte por suicidio deja tras de sí muchas preguntas: ¿por qué lo hizo?
¿Podíamos haberlo evitado? ... Por más que lo intentas, no consigues entender
las razones que le llevaron a quitarse la vida. Procura no atormentarte
demasiado buscando el porqué, y con el tiempo algunas respuestas irán saliendo a
la luz.
Es frecuente también un sentimiento de vergüenza, que lleva a no querer hablar
de las circunstancias de la muerte. Algunas personas necesitan mucho tiempo
solamente para pronunciar la palabra suicidio. Seguramente te invade también un
sentimiento de culpabilidad. Te puedes sentir mal por algo que dijiste o
hiciste. La sensación de culpa es algo perfectamente normal después de una
muerte de estas características. Uno se reprocha el no haberse dado cuenta de lo
mal que estaba... y suele quedar una fuerte sensación de no haber sabido
cuidarle. Piensa que con el tiempo, pasarás simplemente a lamentar algunas cosas
del pasado, y que llegará el día, en que sólo quede un sentimiento de impotencia
ante la muerte.
Después del suicidio de un ser querido, puede ser natural sentir mucha rabia y
enfado hacia la persona que te abandonó (¡Cómo has podido hacerme esto!), hacia
Dios que no hizo nada por impedirlo, y hacia todos los que han podido contribuir
directa o indirectamente en la realización de esta acción desesperada. La rabia
es un sentimiento pasajero, y como tal, irá disminuyendo. Mientras tanto, busca
formas positivas de canalizar tu cólera, sin autocastigarte y sin herir
inútilmente a otras personas.
Si tu ser querido era una persona depresiva o había realizado varios intentos de
suicidio es muy natural que se den a un mismo tiempo sentimientos aparentemente
contradictorios: por un lado una gran tristeza por su pérdida, pero también un
gran alivio porque todo ha terminado; ya no habrá que preocuparse más porque lo
peor, lo más temido ya ha pasado. Convivir durante años con una persona que
sufre así es muy doloroso para todos.
Recuerda que no pudiste elegir por él o por ella, y que la decisión del suicidio
fue enteramente suya. Acepta también que a pesar de lo que hayas podido decirle,
tus palabras no han tenido nada que ver con su decisión.
A medida que la tormenta de emociones vaya calmándose, surgirá poco a poco la
aceptación. Date tiempo para llegar allí, un duelo por suicidio necesita más
tiempo para sanar. Se paciente contigo mismo y verás el día que aceptes su
elección.
Si sientes deseos de quitarte la vida, no esperes, y antes de que puedas hacer
algo irreversible, acude a un profesional que te ayude a buscar alternativas y a
utilizar todos tus recursos personales para salir adelante.
El sufrimiento puede enseñar a dar un nuevo sentido a la vida, a cambiar tus
valores y tus prioridades. Quizás ahora te parezca imposible, pero irás
encontrándote mejor, serás capaz de perdonar, y llegara un día en que podrás
decir que la vida continua y que te sientes feliz por estar vivo.